Astropedia
Advertisement

M-O.jpg

Es el nombre con el que se ha designado a todo aquello que los astrónomos no podemos ver ni detectar en forma directa, pero que se hace evidente a través de su atracción gravitatoria sobre otros cuerpos celestes. Identificar a esta entidad omnipresente y misteriosa que se hace sentir en todas partes del Universo se ha convertido en un desafío para la astrofísica moderna.

Corresponde al 80% de la materia-energía del universo, y que no es energía oscura, materia bariónica (materia ordinaria) ni neutrinos. Su nombre hace referencia a que no emite ningún tipo de radiación electromagnética (como la luz). De hecho, no interactúa en ninguna forma con la radiación electromagnética, siendo completamente transparente en todo el espectro electromagnético. [1]

Historia

A mediados del siglo XIX surge el primer caso de lo que hoy llamaríamos "materia oscura". El inglés John C. Adams y el francés Urbain Le Verrier, trabajando por separado, notan que el movimiento del planeta Urano no sigue perfectamente las leyes de Newton. Pero en vez de pensar, como otros, que éstas fallaban, supusieron la existencia de un planeta nunca visto hasta entonces, capaz de "perturbar" el movimiento de Urano con su atracción gravitatoria. Calcularon la posición de ese hipotético planeta, y la noche del 23 de septiembre de 1846, el alemán Johann G. Galle junto al entonces estudiante Louis d'Arrest pudieron observarlo con un telescopio en las coordenadas indicadas por Le Verrier. Neptuno, el octavo planeta, era ahora una realidad, pero había sido durante un tiempo una masa invisible cuya presencia sólo se infería debido a su fuerza de gravedad.

Para la misma época, Friedrich Bessel nota que Sirio, la estrella más brillante de nuestro cielo nocturno, se mueve siguiendo un camino sinuoso en la bóveda celeste, como si algo tironeara de ella. Recién en 1862, Alvan Clark logra detectar una estrellita compañera de Sirio, 11500 veces más débil que ésta, aunque de masa no mucho menor. Ambas estrellas orbitan una alrededor de la otra, pero si no las observamos con un telescopio lo suficientemente poderoso, Sirio parece bailar un vals con una pareja invisible.

Pero no todos son éxitos. Envalentonado con el descubrimiento de Neptuno, Le Verrier propone en 1860 la existencia de otro planeta entre el Sol y Mercurio para explicar las variaciones de la órbita de éste ultimo. El supuesto planeta no sólo recibió un nombre ("Vulcano"), sino que varios observadores, en distintas oportunidades, anunciaron haberlo visto. Pero nunca nadie pudo confirmar esas observaciones, y la existencia de Vulcano siguió siendo un misterio. Recién en 1916, el movimiento anómalo de Mercurio quedó explicado con la Relatividad General de Albert Einstein: Mercurio está muy cerca de la enorme masa del Sol y por eso la gravitación newtoneana no es exacta. Ya sin necesidad de planetas invisibles, Vulcano fue cayendo en el olvido. Su nombre reaparecería muchos años más tarde, aunque en otra parte del Universo, como la patria del Sr. Spok en la serie Viaje a las Estrellas. [2]

Referencias

Advertisement