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Unas dos terceras partes de las estrellas de la Vía Láctea son solitarias, pero hay una tercera parte que es mucho más llamativa, son estrellas que no viajan solas alrededor de la galaxia. Lo hacen en compañía de otras estrellas, y no sólo en configuraciones binarias. Hemos visto sistemas triples, de cuatro estrellas y hasta de siete.

Esa variedad puede dar lugar a resultados de lo más interesantes. Pensemos, primero, en nuestro Sistema Solar, en el que Sol, y los planetas se formaron en una nube de polvo y gas. La gravedad acumuló material en el centro del sistema, donde se formaría nuestra estrella, mientras el resto del disco comenzaba a girar cada vez más rápido. Eventualmente, nuestro astro comenzó su proceso de fusión, expulsando el resto de la nebulosa.[1]

Una de las formas en las que los sistemas múltiples estelares pueden sobrevivir durante un largo plazo es cuando estrellas binarias forman a su vez sistemas binarios cuyos miembros se encuentran a mucha proximidad. En este caso, las dos estrellas cercanas se comportan como una única estrella en los extremos gravitacionales, y el sistema es estable. 

Cástor es un ejemplo de estrella de este tipo: dos binarias moviéndose estrechamente en órbita alrededor de la otra, conformando un sistema cuádruple; otra binaria órbita alrededor de las primeras cuatro, llevando el total a seis.[2]

Las estrellas se forman debido al colapso de una nube de materia interestelar. Ésta, de masa muy superior a la masa estelar media, conduce a la formación de un grupo de estrellas. Este proceso favorece la binaridad. [3]

Referencias[]

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